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El poder de la esperanza en la oración

(Martes 21-07-2020)
Pastor Francisco Barrios

La verdadera crisis que atraviesa el mundo, es una crisis de esperanza; los ataques que recibimos son solo un medio para llegar a un fin, lo que realmente buscan las tinieblas es secuestrar nuestra fe y esperanza, pues, quien pierde la esperanza, pierde su capacidad de luchar, soñar, imaginar, y de creer en lo sobrenatural, porque lo único que activa lo sobrenatural de Dios, es la fe, ella mueve la mano de Dios.

Quien secuestra nuestra fe, secuestra nuestro futuro. Podemos perder muchas cosas, pero jamás perdamos nuestra fe, porque con ella podemos recuperar con creces cualquier situación de pérdida de nuestra vida.

No solamente se trata de que pasemos tiempo de oración, sino de orar con fe, que ella sea eficaz, porque la Biblia dice que la oración eficaz del justo, puede mucho (Santiago 5:16). Lo que hace que una oración sea eficaz y tenga poder, es cuando le añadimos fe y esperanza, dice la Palabra que quien se acerca a Dios debe creer que le hay, y que es galardonador de los que le buscan (Hebreos 11:6). Para que la ecuación de la fe pueda actuar, deben haber dos cosas: Creer que Dios es real, pero también es necesario creer que Él es galardonador de los que le buscan, creer que cada vez que oramos a Dios, Él va a estar allí para nosotros.

La palabra “esperanza” significa expectativa positiva del futuro. La fe y la esperanza no están en el hoy, están en el mañana, ellas saben que aunque las cosas no estén bien hoy, mañana saldrán mejor. La esperanza le da sustancia y nutre nuestra fe. No perdamos la esperanza de que Dios tiene el control de lo que está aconteciendo, nunca lo ha perdido. Qué estamos esperando, porque lo que esperamos eso es lo que nos va a venir, y lo que le va a dar fuerza a nuestra fe. No hay nada más poderoso que una oración que se hace con fe.

Mateo 9:20-22: “Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva. Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora.”

La mujer del flujo de sangre tuvo expectativa positiva de su futuro, ella creyó que si tocase el manto del Señor, sería sana, aunque fue defraudada por los médicos y gastado todo el dinero que tenía. Dios estaba detrás de esa decepción de la mujer del flujo de sangre, porque ella no había perdido su esperanza, debido a que cuando oyó hablar de Jesús, su confianza de que sería sana fue tal, que cuando tocó el manto del Señor, Él pudo sentir que poder y virtud salió de Él, porque algo que hace la fe, es atraer el poder y los milagros de Dios, por ello fue que aquella mujer fue sana totalmente de la enfermedad que la azotaba.

Debemos saber que lo que lo que hoy está mal, mañana saldrá bien. Si oramos con el ingrediente de la esperanza, nuestro milagro estará a las puertas. Oremos con esperanza, démosle sustancia a la fe, y de esta manera vamos a activar lo sobrenatural de Dios para recibir nuestro milagro.

Otro enemigo de la esperanza es el victimismo ante ciertas circunstancias. Cuando el sentimiento de víctima llega a nuestras vidas, se convierte en nuestro carcelero, el cual nos coloca límites y fronteras que no nos permiten mover. Podemos romper con ese cerco de pasado y de victimismo en nuestra vida cuando empezamos a creer las promesas de Dios, y a soñar que podemos tener un mejor futuro sin importar lo que hayamos atravesado. Nuestro futuro no está en las manos de lo que nos ha pasado, sino en las manos de lo que decidamos ahora. Si decidimos tener esperanza, vamos a romper límites para ir en pos de un futuro.

El apóstol Pablo desde que conoció a Jesús no había visto otra cosa que no fuera crecer y ser librado de cada situación que venía a su vida, pero llegó el momento en que aconteció algo inesperado para él, fue puesto preso en Jerusalén, y aunque oró, no fue librado. Pero la fe no es solamente ser librados de circunstancias, sino atravesarlas, pero salir de ellas en victoria. Dios le enseñó a Pablo la clase fe que atraviesa por circunstancias, y se sobrepone a ellas. Pablo lo enviaron al imperio romano, el cual era muy sangriento, y no solo eso, sino que cuando entró en el barco para ir a este lugar, fue azotado por una gran tempestad.

Hechos 27:18-20: “Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.”

Pablo, el gran hombre de fe había perdido la esperanza, y quien pierde la esperanza, pierde fe, porque ella es la que da vida y fuerza. Pero cuando Pablo pierde la esperanza, Dios actúa inmediatamente para que la recupere, porque Dios antes darnos un milagro, nos va a dar una palabra para fortalecer nuestra esperanza.

Hechos 27:21-25: “Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.”

Cuando un hombre de Dios es lleno de esperanza, no solamente se salva él, sino todos los que están a su alrededor, es decir, su casa y su familia. Hoy Dios nos dice que no temamos, porque Él no nos va a dejar ni a desamparar. Cuando la esperanza retorna a nuestra vida, los milagros se acercan.

La esperanza es tan poderosa, que la ciencia médica no puede explicar como ella opera en la salud del ser humano, pero sí reconoce lo que le sucede a alguien que está lleno de ánimo, de cómo el sistema inmunológico se fortalece, las células comienzan a recuperarse y la mente cambia su forma de pensar. El cuerpo reacciona positivamente a la esperanza. Oremos con el ingrediente de la esperanza.

Hechos 27:33-38: “Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en ayunas, sin comer nada. Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud; pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. Y habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también. Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis. Y ya satisfechos, aligeraron la nave, echando el trigo al mar.”

Tengamos paz y confianza, descansemos tranquilos, porque Dios está con nosotros, Él nos va a sanar y a salvar de las circunstancias que podamos estar atravesando. Pablo les predico a los que estaban con él con su ejemplo, porque la mejor influencia que podemos generar ante otros no es por medio de palabras, sino de nuestro ejemplo, creamos la Palabra de Dios y accionemos en ella. Cuando la esperanza se contagia a todos los que están en un hogar, todos van hacia un mismo destino, que es lo sobrenatural. Creamos la Palabra que hoy Dios nos está dando, Él nos ha dado muchas promesas.

Si creemos lo que se nos ha dicho, vivamos tranquilos, llenos de expectativas positivas del futuro.