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Encuentro Nacional de Pastores

Ministros de su Gracia (Día)

Pastor Javier Bertucci

Viernes 19-08-2022

 

Pablo no tuvo la oportunidad de vivir y caminar con Jesús mientras estuvo en la Tierra, sin embargo, es de los que habla con mayor profundad acerca del tema de la Gracia, de manera que, todo lo que recibió, lo hizo por revelación, por eso cuando describe a la Iglesia en Éfeso, habla de la importancia de recibir espíritu de revelación y sabiduría en el conocimiento de Dios (Efesios 1:17). La consecuencia de conocer a Dios, es que se recibe revelación de las riquezas de Su Gracia, de la salvación amplia a la que Él nos ha llamado y de la supereminente grandeza de su poder que actúa en nosotros y que primero actuó en Jesús resucitándole de los muertos (Efesios 1:18-20).

El tema de la Gracia tiene que ver con revelación y con una relación con quien es la Gracia, es decir, con Jesús, no se puede hablar de ambos por separado. Jesús es la Gracia, y nosotros no merecíamos que Él vinera por nosotros. La Gracia es la única predicación que debería tener la iglesia, y mucho de la falta de avance que ha tenido ha sido por no caminar en ella.

Pablo era sumamente atacado porque predicaba la Gracia; y la mayoría de los que seguían a Jesús en ese momento, estaban teniendo inconvenientes entre el asunto de la Ley y la Gracia; con la revelación de ella y con asumirla por su justo valor, y como consecuencia, Pablo se preocupa profundamente.

1 Corintios 9:2-3: “Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor. Contra los que me acusan, esta es mi defensa”.

Pablo sabia que estaba en lo correcto, que la gracia era el mensaje que debía predicar y que había un fruto imposible de ocultar. Hoy quienes predican Ley y legalismo siguen atacando a aquellos que predican la Gracia, siguen argumentando que el mensaje de la Gracia es permisivo para el pecado.

Romanos 10:9,13: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”.

Nadie pierde su salvación mientras que crea que es salvo, debemos cuidarla, pero no la perderemos. Debemos predicar la Gracia y decirle a la gente que, si pecamos, tenemos abogado para con el Padre, Jesucristo, su hijo (1 Juan 2:1). Un pecado jamás será más poderoso que la redención que Él hizo en la Cruz para nosotros. El Espíritu Santo es más permanente y persistente que nuestro propio deseo de pecar.

Fuimos constituidos ministros del Nuevo Pacto, es decir, ministros de su Gracia, el pacto anterior es de muerte y condenación, y solo la Gracia es lo único que nos puede meter en vida eterna.

2 Corintios 1:24: “No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis firmes”.

Los ministros de la Gracia no se enseñorean de la iglesia, sino que colaboran con su gozo fortaleciendo su fe, porque al final del día ella es la que nos va a mantener firmes. La Gracia nos genera una sustentación de fe. La iglesia es de quien murió por ella, nosotros podemos velar por su alma, pero jamás enseñorearnos. Debe permanecer firme no por la fe en un pastor, sino por su fe en Jesús. La gente no deja el pecado cuando otro le dice, sino cuando el Espíritu Santo le redarguye y convence de dejarlo.

2 Corintios 2:17: “Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo”.

Los ministros de la Gracia jamás predican por comercio o por dinero, exigiendo ofrendas o cosas. Hablarle a la novia o prometida de Jesús es muy delicado. El deseo de Dios no es que sus hijos vivan mal, Él nos dará la provisión que necesitamos, tanto financiera como humana, pero jamás nuestra visión puede ser lo que Él nos pueda dar.

2 Corintios 4:5: “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús”.

Los ministros de la Gracia ven a la iglesia con el objetivo de servirle y lo hacen por amor a Jesús. No podemos tener ministros que amen más el éxito que a Jesús, porque terminaran viendo a la Iglesia como un objetivo de su ambición.

2 Corintios 10:12: “Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos”.

Los ministros de la Gracia no están haciendo comparaciones ni ostentaciones de la vida espiritual que poseen con Jesús. Nuestro modelo es Jesús y cada día debemos desear ser como Él.

2 Corintios 11:4: “Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis”.

La predicación de un ministro de la Gracia debe ser genuina, sin engaño y fundamentada en Jesús.

2 Corintios 11:13-15: “Porque estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras”.

Todo el que mezcla la Ley y la Gracia se hace falso, se lo dijo Pablo a los de Corinto. Pablo con celo predicaba la Gracia y aconsejaba no dejarse engañar, más adelante dice: “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (Gálatas 5:4).

2 Corintios 11:20: “Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas”.

Debemos oír lo que pueda edificarnos y llevarnos a un nivel de expansión y de crecimiento espiritual. Tenemos la responsabilidad de enseñar a la gente a ser selectivos con lo que se oye, y en ese sentido pastores y lideres son responsables.

Los ministros de la Gracia no evitan a la gente, así como Dios no evita la oración de su pueblo. Tenemos un sumo sacerdote delante del Padre, y cuando recibe la oración, que es en nombre de Jesús, no exige que sea en una ceremonia.

Un ministro de la Gracia no limita ni prohíbe, sino que promueve la relación con Dios desde la necesidad; recordemos que somos simples servidores de Él. Enseñemos ese profundo amor por Jesús, y estemos dispuestos a amar hasta a aquellos que nos traicionan, así como Jesús amó a Judas. Si amamos a la gente, al final ellos vendrán, porque se van a sentir amados y protegidos, y se tendrá una iglesia feliz con gozo y prosperando.