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Es tiempo de gracia

Pastor Javier Bertucci

Domingo 02-10-2022

 

La predicación que se ha ofrecido a la Iglesia en el mundo ha estado cargada de condenación, manipulación y humillación. Esto ha reducido al pueblo de Dios a una minoría en la sociedad, alejándose completamente del propósito de la Iglesia dado en el libro de los Hechos. En el pentecostés fueron salvos tres mil hombres (Hechos 2:41) y lo que continuó después de ese día fue una gran revolución, en la que muchos creían en Jesús a pesar de la persecución de los romanos.

En un momento de la historia la Iglesia, esta empezó a adoptar reglas y dogmas externas con el fin de sumar personas a la fe, esto causó que perdiera su influencia y poder. De esta forma, el mensaje de Gracia se tergiversó para manipular y convertir a las personas en seguidores de organizaciones y no en seguidores de Jesucristo. Jamás fue el deseo de Dios que la Iglesia creara obstáculos que ocasionaran la fractura de la fe y dieran paso a rencillas entre los creyentes. Estas trabas ocasionaron una enemistad en la que algunos cristianos se sienten superiores y poseedores de la verdad, llegando a convertirse en acusadores de otros.

La gracia se ha utilizado únicamente como un argumento para lograr la salvación, sin embargo, cuando alguien decide vivir para Dios se encuentra con una congregación en la que se predica que todo lo obtendrá por buenas acciones y no por causa de la gracia. Cuando le ensañamos a una Iglesia que por acciones se conservan la salvación, se está negando el sacrificio de Jesús y generamos rechazo en aquel que reconoce que como hombre nunca podrá justificarse por sí mismo.

Génesis 14:18-20: “Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.”

Abraham no conoció la ley, solo a Dios. Fue por medio de una experiencia con Jesús por medio de Melquisedec que él conoce la Gracia. Después de conocer la Gracia, Abraham comienza a extenderla; él intercedió para que los habitantes de Sodoma y Gomorra no fueran destruidos (Génesis 18:16-33). Génesis cuenta como la maldad de estas ciudades era tan grande que llegó al cielo, y el deseo de Dios era destruirlas, pero Abraham extendió misericordia. Los hombres que son transformados por la Gracia, no condenan o juzgan.

Estamos en un tiempo de Gracia. Cuando alguien empieza a creer en Jesucristo se le otorga el regalo de la justificación, y somos completamente salvos. En ese momento el Espíritu Santo empieza un proceso para ayudarnos a lidiar con todos nuestros problemas, pero es nuestra decisión si cambiamos o no. Este proceso no interfiere con nuestra salvación, sin embargo, aquel que desea corresponder al gran amor de Dios empieza voluntariamente a trabajar en sus debilidades y le permite al Espíritu Santo que obre en su vida.

El amor tan grande de Dios nos lleva a buscar agradarlo con nuestras acciones. La oración, el ayuno, la adoración y la búsqueda del Padre no son acciones que hacemos para mantener la salvación, nacen del deseo de estar con Él y corresponder su infinito amor. Dios desea que nos acerquemos, Él corre a nuestro encuentro sin importar el tiempo que estemos lejos, porque su amor no cambia ante nuestros pecados, ni nuestra salvación es arrebatada. Siempre que creamos en Jesús como nuestro salvador, tendremos cabida en el cielo, pero dedicar nuestra vida a Él es una decisión que nace de un corazón profundamente agradecido por tan inmerecido amor.