Project Description

La oración te santifica

(Martes 14-07-2020)
Pastor Yobany Blanco

Juan 15:1-7: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.”

El mayor peligro para la Iglesia de Jesús en este tiempo, no es una enfermedad o una crisis económica solamente, sino desconectarse de Jesús, de la salvación, de su propósito espiritual, y terminar amando más al mundo con sus deseos y pasiones, cediendo ante las tentaciones del enemigo y regresando a aquel lugar de desobediencia y rebelión de donde un día el Señor Jesucristo les sacó.

Es importante que seamos conscientes de todos los peligros que hay para el corazón de los hijos de Dios, por ello, debemos pedirle al Espíritu Santo que nos mantenga conectados con nuestro Señor Jesucristo, quien puede guardar nuestro corazón por medio de la conexión espiritual que viene por la oración y por la Palabra, porque solamente conectados a Jesús, cuidaremos nuestro corazón de los ataques del maligno que quieren a través del pecado, dañar a los hijos de Dios.

Por medio de la conexión con Jesús, somos santificados, no es por obras de ley, sino por medio de la comunión con nuestro Señor Jesucristo y de la fe en su Palabra, de allí que la oración sea tan vital y fundamental, porque es a través de ella que recibimos esa santificación en nuestra vida, y mantenemos el estado de pureza y de separación con el mundo y sus trampas.

Hay dos características principales del carácter de Cristo, cuando buscamos a Dios en oración y estamos conectados con Jesús, la primera es el amor, pero luego viene la santidad. Cuando oramos de la forma correcta y nos mantenemos conectados a Jesús, la santificación se vuelve en una necesidad y en un deseo. Hay algo maravilloso de la oración, y es que ella nos lleva a ser como Jesús, a tener el carácter de Cristo, y ese es el proceso por medio del cual alcanzamos la santificación.

Si no damos fruto, viene el labrador a nuestra vida para podarnos y que podamos florecer, porque hay muchas cosas que hasta que no oramos con la ayuda del Espíritu Santo, no nos damos cuenta de que nos están impidiendo nuestro crecimiento espiritual, como lo es el orgullo, la desobediencia y el resentimiento. No podemos dar fruto por nosotros mismos, pero para ello es que viene el labrador y nos poda. Cuando pasamos por momentos difíciles, es una poda a nuestro corazón, y tal vez, eso nos hiera en un momento, pero es necesario para que podamos retoñar y tener una vida espiritual mucho más fuerte.

Dios necesita una Iglesia que florezca desde la oración, desde el amor y desde la santificación. Ahora, hay muchas cosas que cortar, como apariencias de piedad, debido a que muchos dicen tener una vida espiritual, pero la realidad es que están totalmente desconectados de Jesús, porque los frutos están diciendo otra cosa.

Muchas veces nuestra oración no funciona, y es por falta de amor y de santificación. Hay áreas que Dios nos está pidiendo que rindamos, porque Él quiere responder a nuestras oraciones, pero no lo hará estando nosotros en una posición de soberbia y orgullo, debe limpiarnos, es por ello, que hay situaciones que vienen a nuestras vidas, y es para hacernos entender que el estado de nuestro corazón no se encuentra en condiciones para estar delante de nuestro Señor, Dios desea de nosotros un corazón humilde, quebrantado y dependiente.

Cuánto nos cuesta orar, es cuánto está lleno nuestro corazón de orgullo, porque el impedimento mayor para la oración, es el orgullo, el cual es también un enemigo oculto que nace en lo privado. Quien no busca a Dios en lo secreto, el pecado oculto nace en él, en sus pensamientos, pero si recuperamos nuestra comunión en lo íntimo, nuestro Padre que nos ve en lo secreto, nos va a recompensar en público (Mateo 6:4). Las respuestas de la oración vienen por medio de la santificación de los hijos de Dios, así que, mientras más limpio esté el instrumento por donde baja la unción, entonces el fruto también será limpio.

Solo en una oración de arrepentimiento, podemos darnos cuenta de que hay áreas dentro de nosotros, que es necesario que Dios las corte y las pode. En nuestra relación con Dios, no podemos enfocarnos en lo que Él nos puede dar, pero si aprendemos a amarle, empezaremos a también a amar la santidad que Él ama. Amemos la santidad de Dios, porque es parte del proceso para que nuestras oraciones tengan poder y sean respondidas.

Satanás no solamente anda buscando que tengamos un conflicto financiero, porque de ello Dios nos puede librar, anda buscando hacernos caer en rebelión y desobediencia, porque sabe que al hacerlo, coloca en riesgo nuestra salvación, así que necesitamos la santificación en nuestra vida. Nadie es santo por obras de justicia, sino por fe, por conexión y comunión con nuestro Señor, y una vez que esa relación santifica nuestras vidas y nos parecemos más a Jesús, podemos vencer toda obra de pecado, y tener autoridad contra los deseos de los ojos, de la carne, y de la vanagloria de la vida, las tres tentaciones por medio de las cuales el enemigo trata de atraer al creyente para que caiga en pecado y sea esclavo de él, pero cuando nos mantenemos en esa relación con Dios, tenemos esa autoridad para vencer las tentaciones.

1 Tesalonisenses 5:16-23: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”

Muchas veces nos confiamos en los pequeños detalles, y no consultamos con Dios acerca de ellos, y el resultado, es que esas zorras pequeñas dañan toda la viña (Cantares 2:15), porque muchas veces confrontamos los ataques frontales, pero las pequeñas zorras de soberbia, crítica, de juzgar y de chismes, terminan dañando, así que vamos a depender de Dios en los detalles. No predicamos solo con nuestras palabras, lo hacemos también con nuestras acciones, con un estilo de vida diferente por medio de la santificación.

Podemos tener caídas y errores en el camino, pero debemos tomar la autoridad y pedirle a Dios que nos limpie y escudriñe en lo secreto, si oramos de esta manera, llegará la luz. No permitamos que en el enemigo coloque en nuestra mente juegos de rebelión y de desobediencia, humillémonos ante Dios. Dejemos de mirar lo natural y guardemos una salvación tan grande, seamos limpios de todo ataque y de todo lo que vemos afuera.

1 Corintios 6:20: “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”

Dios nos da la fortaleza para que ya no seamos más débiles. No hay forma de que el enemigo destruya a una Iglesia santa y llena de gloria, por eso necesitamos sacar más tiempo para santificarnos en medio de la oración, la adoración, el ayuno y la búsqueda de Dios y de su Palabra, para que lo que hagamos afuera, tenga la verdadera influencia, porque nuestra lucha no es natural, el enemigo retrocede es con la santidad de Dios en nosotros. No aceptemos en nuestra vida santidad a medias, todas nuestras vidas deben estar rendidas ante Dios.

1 Juan 2:15-16: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.”

Cuando nos alejamos de la oración que nos santifica, nuestra propia voluntad se levanta; sin santidad nuestro amor se desvía. No debemos amar al mundo, es decir, a este sistema, porque todos ellos pasarán; que nuestra visión siempre sea aquella que recibimos por medio de la oración. El enemigo principal de la santificación es la vanagloria, porque quien camina en santidad, camina en el poder de Jesús, es un espíritu de siervo, de obediencia y santidad, y cuando caminamos como siervos, vemos a los demás como reyes y sacerdotes, y el que se humilla, será exaltado (Santiago 4:10), porque Dios sabe que no nos vamos a robar Su gloria.

Hay pecados en nuestra vida que solo la santidad de Dios puede romper, por ello debemos anhelar que en nuestras vidas se levante un amor por esa santidad y pureza.

1 Pedro 1:13-16: “Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.”

Podemos ser santos, porque Dios es santo, y Él puede ayudarnos a alcanzar esa santidad.

2 Timoteo 2:20-21: “Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.”

Lo peor que nos puede pasar, es dejar de ser útiles para el Reino de Dios, y perder el propósito y la vigencia de nuestro llamado, porque sin darnos cuenta, quisimos servir a Dios estando impuros; esto no se trata de servir por servir, arreglemos lo que tenemos que arreglar con Dios. Es necesario aclarar, que por estar impuros, no es que no servimos para Dios, sino que el que está impuro, debe limpiarse. No podemos ser usados para Dios y para el mundo, no podemos servir a dos señores (Mateo 6:24), nuestros dones, talentos y gracia deben ser para Aquel que nos compró a precio de sangre.

2 Corintios 7:1: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.”

La oración nos revela y trae el temor de Dios, que es ese respeto santo, ese reconocimiento de que Dios es amor, pero que también es santo; su presencia debe traernos arrepentimiento y ese amor por lo que Él ama. Cuando tenemos este tipo de temor en nuestras vidas, somos personas que nos perfeccionamos en la santidad. No podemos jugar con la gracia, porque Dios es también un Dios de justicia. Satanás lo que más detiene en la Iglesia, es su tiempo de oración, porque de esta manera, detiene también la santidad de la cual emana el poder. Las respuestas a nuestras oraciones vienen por perfeccionarnos en la santificación, no perdamos el temor a Dios, caminemos en respeto y en humillación, andemos justamente delante de Dios y de la gente, para que Él nos responda y siga usando como un vaso de honra para sus propósitos.

Hebreos 12:12-15: “Por eso, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas, 13 y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Seguid la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, para que ninguno deje de alcanzar la gracia de Dios, y para que no brote ninguna raíz de amargura que os perturbe y contamine a muchos.”

La oración de santificación activa la gracia en nuestra vida. Cuando amamos la santidad y oramos por ella, el Señor perfecciona en nosotros la gracia para tener amor por nuestro hermano, aún en los tiempos difíciles andamos en paz con todos, perfeccionando la santidad en nuestra vida, porque ella nos da la gracia para amar y no juzgar, para entender a nuestro prójimo.

Salmo 24:3- 5: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño. El recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de salvación.”

Por medio de la oración de santificación Dios limpia nuestro corazón y nuestra alma de cosas vanas. Dejemos de perseguir lo vano y sigamos lo eterno. Hay promesas para aquellos que siguen la santidad de Dios.

Isaías 57:15: “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.”

Dios le da vida y avivamiento al espíritu humilde y al corazón quebrantado. Dios se muda con el humilde, con el que ama su santidad, con el que depende de Él, se purifica y se limpia con la sangre del Cordero.